Hace unos días compré un librito que se llama algo así como Paseando por la Historia: descubre el Londres victoriano.
Asegura que lxs londinenses, y también quienes pasamos una temporada aquí, viven en casas victorianas, aprenden en colegios victorianos, rezan en iglesias victorianas, son tratados en hospitales victorianos, beben en pubs victorianos, juegan en parques y jardines victorianos, se entretienen en museos y teatros victorianos, conducen por calles victorianas, cruzan puentes victorianos y viajan por railes victorianos.
Así que, ante tanta insistencia en esto de que Londres es sí o sí una ciudad victoriana, propone unos cuantos itinerarios para conocer calles, edificios, escuelas, hospitales, iglesias, etc., etc...
[Me acordé de Paco, claro... tengo que enseñarle el librito cuando le vea...]
Hoy he salido de casa con la saludable intención de echar un ratito haciendo el primero de ellos, que empieza en el Kensington Palace, pasa por el Albert Memorial y el Royal Albert Hall, y luego sigue paseando por ese barrio.
Vano intento. Al principio parecía que el día me iba a respetar: nublado, gris, plomizo, pero sin lluvia ni frío. Pero en cuanto he bajado del autobús ha empezado esa lluvia tontorrona que no es ni mucha ni poca, pero es la justa para incordiarte, para andar un poco incómodo, medio mojado, con la capucha pero sin que llueva del todo... en fin, que he decidido meterme un rato a tomar un café por si la cosa mejoraba.
Pero no.
Así que tras hacer un amago de paseo por el parque y llegar hasta la puerta del Palacio en el que nació la Reina Victoria, la que da nombre a todo esto, y saludar a William III, el que se ve en bronce al fondo de la foto, que no sé qué tatarabuelo suyo será, me he vuelto a coger el bus a casita...
***
Por cierto, hoy hace 50 días que vine a Londres. Más o menos un tercio del tiempo que voy a estar aquí.
Me ha dado tiempo a hacer un montón de cosas, conocer a un montón de personas y visitar un montón de lugares...
Aunque aún sigo tratando de responder a las preguntas que tenía en la sierra antes de venirme. Esas siguen pendientes...
¡¡¡Seguimos!!!
Y caminando iba pensando que ganar / Siempre es tentar a la otra cara de la suerte / Y que por eso te hacen daño los huesos / Cuando golpeas fuerte //
Y así se fue chasqueando los dientes / En memoria de algún actor / Cuyo nombre se ha perdido / Y que hacía de bandido //
Y sintió la alegría del olvido / Y al andar descubrió la maravilla / Del sonido de sus propios pasos / En la gravilla...
[El canto del gallo, Radio Futura, 1987]
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domingo, 8 de abril de 2018
jueves, 5 de abril de 2018
Vitamina D
Ha salido el sol.
Por fin.
Demasiados días neblinosos, húmedos, con poca luz, caminando sin sombras por las calles y los parques...
Y hoy, de repente, la presunta primavera que no acaba de llegar a esta ciudad nos ha regalado un día de sol y luz y colores y sombras.
Los primeros días en el cole me hizo gracia oír tantas conversaciones sobre el sol (la falta de sol, mejor dicho), la piel blanquecina y la (falta de) vitamina D en estas latitudes. Era mediados de febrero y muchxs profes del Cañada acababan de regresar de España de estar recargando sus reservas, poniéndose al solete aunque fuera a mitad del invierno.
Al principio me pareció que era una broma habitual entre ellxs. Pero con el paso de los meses he comprobado que poca broma con lo de la vitamina D y la falta de luz y con que el sol se ponga en invierno a las tres o las cuatro de la tarde.
(Un buen tema a tener en cuenta para quienes se plantean pasar aquí un curso completo. O varios.)
Así que después de tanto tiempo echándolo de menos, lo de pasear hoy haciendo la fotosíntesis, comer un packed lunch sentado en los escalones de la plaza y ver mi propia sombra al andar, ha sido un gustazo muy disfrutón.
Hoy, después de dar una clase de química a primera hora de la mañana, me he ido a dar una vuelta por la National Gallery. Ya he contado aquí alguna vez el gusto que da esto de poder ir gratis a estos museos maravillosos, ver unas pocas salas disfrutándolas sin empacharte y luego salir a dar un paseíto para digerir lo que acabas de vivir dentro.
Un gusto.
Esta mañana he dedicado un rato a las salas más antiguas del museo: Botticelli, Leonardo, Mantegna, van Eyck, Durero, Memling... en fin... un lujo que estoy disfrutando muchísimo.
Cada vez que voy a alguno de los museos de Londres no puedo evitar acordarme de mi amigo Paco y de cómo se lo pasaría unos días aquí. Me lo estoy trabajando a ver si le convenzo y me hace alguna visita de fin de semana. No sé si lo lograré, pero estaría muy bien. En el fondo creo que lo hago por puro egoísmo, me temo que lo de invitarle a venir es más por mi que por él, porque no se me ocurre mayor lujo que ver alguna de estas salas de cualquiera de estos museos con él: creo que no conozco a nadie que disfrute del arte y lo viva con tanta pasión. Aún tengo tiempo para convencerle... jejeje....
Por fin.
Demasiados días neblinosos, húmedos, con poca luz, caminando sin sombras por las calles y los parques...
Y hoy, de repente, la presunta primavera que no acaba de llegar a esta ciudad nos ha regalado un día de sol y luz y colores y sombras.
Los primeros días en el cole me hizo gracia oír tantas conversaciones sobre el sol (la falta de sol, mejor dicho), la piel blanquecina y la (falta de) vitamina D en estas latitudes. Era mediados de febrero y muchxs profes del Cañada acababan de regresar de España de estar recargando sus reservas, poniéndose al solete aunque fuera a mitad del invierno.
Al principio me pareció que era una broma habitual entre ellxs. Pero con el paso de los meses he comprobado que poca broma con lo de la vitamina D y la falta de luz y con que el sol se ponga en invierno a las tres o las cuatro de la tarde.
(Un buen tema a tener en cuenta para quienes se plantean pasar aquí un curso completo. O varios.)
Así que después de tanto tiempo echándolo de menos, lo de pasear hoy haciendo la fotosíntesis, comer un packed lunch sentado en los escalones de la plaza y ver mi propia sombra al andar, ha sido un gustazo muy disfrutón.
Hoy, después de dar una clase de química a primera hora de la mañana, me he ido a dar una vuelta por la National Gallery. Ya he contado aquí alguna vez el gusto que da esto de poder ir gratis a estos museos maravillosos, ver unas pocas salas disfrutándolas sin empacharte y luego salir a dar un paseíto para digerir lo que acabas de vivir dentro.
Un gusto.
Esta mañana he dedicado un rato a las salas más antiguas del museo: Botticelli, Leonardo, Mantegna, van Eyck, Durero, Memling... en fin... un lujo que estoy disfrutando muchísimo.
Cada vez que voy a alguno de los museos de Londres no puedo evitar acordarme de mi amigo Paco y de cómo se lo pasaría unos días aquí. Me lo estoy trabajando a ver si le convenzo y me hace alguna visita de fin de semana. No sé si lo lograré, pero estaría muy bien. En el fondo creo que lo hago por puro egoísmo, me temo que lo de invitarle a venir es más por mi que por él, porque no se me ocurre mayor lujo que ver alguna de estas salas de cualquiera de estos museos con él: creo que no conozco a nadie que disfrute del arte y lo viva con tanta pasión. Aún tengo tiempo para convencerle... jejeje....
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Cañada Blanch,
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