Y caminando iba pensando que ganar / Siempre es tentar a la otra cara de la suerte / Y que por eso te hacen daño los huesos / Cuando golpeas fuerte //
Y así se fue chasqueando los dientes / En memoria de algún actor / Cuyo nombre se ha perdido / Y que hacía de bandido //
Y sintió la alegría del olvido / Y al andar descubrió la maravilla / Del sonido de sus propios pasos / En la gravilla...
[El canto del gallo, Radio Futura, 1987]
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jueves, 19 de abril de 2018

Desencanto

Aquí trabajo. Muchos profes lo llaman el convento. El edificio tiene su encanto. Y dentro, a veces, pasan cosas chulas: hay un montón de gente tratando de ayudar a crecer a un montón de pequeñxs.
Estos días no ando muy convencido... pero ¡seguimos!

miércoles, 7 de marzo de 2018

Polis y profes

Cuando estaba en la facultad tuve claro muy pronto que lo que quería hacer al terminar la carrera era enseñar. Supe también muy pronto que la investigación y la empresa no me interesaban tanto como las pizarras. Y desde hace ya unos cuantos años tengo claro que lo que más soy es profe. Me gusta enseñar. Me gusta muchísimo más aprender, claro, pero disfruto enseñando. Y con diferencia es el trabajo que más me gusta de los que he probado o de los que he imaginado hacer. De hecho creo que nunca he dejado de hacerlo: en coles, en los talleres de fotografía, en clases particulares...

Estos días he vuelto al cole a palo seco, a lo formal: aulas, horarios, sala de profesores, partes, listas, notas, exámenes...

Y estoy recordando que uno de los motivos por los que en su momento quise dejarlo fue precisamente por la sensación de, a veces, ser más poli que profe. Los últimos tiempos que estuve dando clases de secundaria, hace ya unos cuantos años, tuve la impresión de estar gastando mucha más energía en controlar a los grupos, en llamar la atención a lxs alumnxs que alborotaban, en intentar que tuvieran sus hormonas más o menos disciplinadas, que en preparar las clases y disfrutarlas enseñando matemáticas o física o lo que fuera.

Estos días estoy recordando mucho esa sensación. Además, estar con pequeñxs, al menos para mí, la hace aún más intensa: con los mayores, aunque sé que aún no son adultxs del todo, tengo más la impresión de estar hablando de igual a igual.
Y por supuesto están los contenidos. Me alucina (y creo que les envidio un poquito) la gente que es capaz de enseñar a leer o a sumar a los más peques, pero hace tiempo que sé que yo me siento mucho más cómodo enseñando derivadas y geometría que fracciones y sumas con decimales.

Pero aquí estoy, contento de haber vuelto a enseñar. Encantado de la decisión que he tomado de venirme aquí por unos meses. Ubicándome para tratar de escucharme y mirarme con cuidado y reconocer dónde quiero estar y qué quiero hacer.