Me dice un señor con el que he estado charlando al entrar en la arena del Royal Albert Hall, que lo de estar en la primera fila de los conciertos, tan cerca del escenario que casi lo puedes tocar, viendo el sudor de los cantantes y los gestos de los músicxs, engancha.
Me lo dice tocando la valla que nos separa poco más de un metro del escenario en el que acabamos de ver La flauta mágica de Mozart. La mira, pone la mano sobre ella, le da un par de palmaditas y me dice mirándome, creo que emocionado: "ésto engancha".
Repetiré. Aún me quedan unos días aquí y creo que aprovecharé para volver a estar junto a esa valla un par de veces más. Ya tengo anotados los conciertos que me apetecen de estos días.
Sí, es cierto, ¡engancha!
Y caminando iba pensando que ganar / Siempre es tentar a la otra cara de la suerte / Y que por eso te hacen daño los huesos / Cuando golpeas fuerte //
Y así se fue chasqueando los dientes / En memoria de algún actor / Cuyo nombre se ha perdido / Y que hacía de bandido //
Y sintió la alegría del olvido / Y al andar descubrió la maravilla / Del sonido de sus propios pasos / En la gravilla...
[El canto del gallo, Radio Futura, 1987]
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martes, 27 de agosto de 2019
viernes, 30 de marzo de 2018
El Mesías en el RAH
Esta tarde hemos ido a ver El Mesias de Haendel en el Royal Albert Hall. Llevan ciento no sé cuántos años interpretando en este lugar El Mesías cada Viernes Santo. Y hoy hemos tenido la suerte de poder escucharlo y vivirlo en directo. Podría tratar de contar aquí la experiencia, pero no lo voy ni a intentar: ha sido maravilloso.
Recuerdo que hace casi treinta años, cuando vine a Londres a visitar a Adriana, estuve un par de veces en los Proms del Royal Albert Hall con los Gil. Una de las veces fue para escuchar La flauta mágica de Mozart. Tenía un recuerdo vago del lugar y muy mezclado con las fotos y vídeos que he visto en todos estos años, así que ha sido casi como ir por primera vez.
Hemos llegado con tiempo, así que hemos intentado investigar un poco y colarnos por algunos pasillos para tratar de ver el edificio. No nos han dejado asomarnos desde la galería de arriba del todo, pero hemos podido pasear un poco por algunas de las gradas altas. Desde allí he hecho la foto de hoy.
No conozco mucho El Mesías: lo he escuchado alguna vez en youtube o en disco pero nunca en concierto. Así que he ido con esa precaución y ese interés de asistir por primera vez a algo que no conoces y que sabes que es grande. Estos días, para hacernos más fácil el concierto, he estado buscando información, recopilando los textos y las traducciones, etc. y preparé una especie de "programa de mano" que nos ayudara durante el concierto a seguirlo con más facilidad.
Nunca deja de sorprenderme el poder de la música: doscientas personas sobre un escenario, haciendo música como si fueran una sola, manteniendo la atención y el asombro de otras cinco mil. Hay algo sobrecogedor en esa representación casi catártica, en esa entrega del público confiando en que se le va a brindar una experiencia que le va a transformar.
Conmigo hoy ha funcionado: he salido, de algún modo, transformado después de vivir este concierto.
¡Seguimos!
Recuerdo que hace casi treinta años, cuando vine a Londres a visitar a Adriana, estuve un par de veces en los Proms del Royal Albert Hall con los Gil. Una de las veces fue para escuchar La flauta mágica de Mozart. Tenía un recuerdo vago del lugar y muy mezclado con las fotos y vídeos que he visto en todos estos años, así que ha sido casi como ir por primera vez.
Hemos llegado con tiempo, así que hemos intentado investigar un poco y colarnos por algunos pasillos para tratar de ver el edificio. No nos han dejado asomarnos desde la galería de arriba del todo, pero hemos podido pasear un poco por algunas de las gradas altas. Desde allí he hecho la foto de hoy.
No conozco mucho El Mesías: lo he escuchado alguna vez en youtube o en disco pero nunca en concierto. Así que he ido con esa precaución y ese interés de asistir por primera vez a algo que no conoces y que sabes que es grande. Estos días, para hacernos más fácil el concierto, he estado buscando información, recopilando los textos y las traducciones, etc. y preparé una especie de "programa de mano" que nos ayudara durante el concierto a seguirlo con más facilidad.
Nunca deja de sorprenderme el poder de la música: doscientas personas sobre un escenario, haciendo música como si fueran una sola, manteniendo la atención y el asombro de otras cinco mil. Hay algo sobrecogedor en esa representación casi catártica, en esa entrega del público confiando en que se le va a brindar una experiencia que le va a transformar.
Conmigo hoy ha funcionado: he salido, de algún modo, transformado después de vivir este concierto.
¡Seguimos!
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