Y caminando iba pensando que ganar / Siempre es tentar a la otra cara de la suerte / Y que por eso te hacen daño los huesos / Cuando golpeas fuerte //
Y así se fue chasqueando los dientes / En memoria de algún actor / Cuyo nombre se ha perdido / Y que hacía de bandido //
Y sintió la alegría del olvido / Y al andar descubrió la maravilla / Del sonido de sus propios pasos / En la gravilla...
[El canto del gallo, Radio Futura, 1987]
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martes, 3 de septiembre de 2019

Bernard Haitink

El señor viejito que saluda agradecido mostrando las palmas de sus manos es Bernard Haitink.
Tiene 90 años.
Hace música.

Le he escuchado dirigir el cuarto concierto de piano de Beethoven y la séptima sinfonía de Bruckner en uno de los proms del Royal Albert Hall.
Es un señor pequeñito, cansado, de andares lentos y aparentemente torpes, pero que durante más de dos horas ha tenido delante a una orquesta de 80 ó 90 músicxs, y a sus espaldas más de 5000 personas pendientes de sus movimientos.

Esas manos que en la foto se ven pequeñas, frágiles, en algún momento temblorosas, han sido capaces de hacer el milagro: cerraba un puño, bajaba o subía la batuta, agitaba un par de dedos, y a cada movimiento de una u otra toda la orquesta le seguía como un solo instrumento, subiendo y bajando, agitándose y serenándose.

Al final de la sinfonía, ha levantado la mano izquierda sosteniendo el silencio, manteniendo el sonido de las últimas notas en el aire hasta que se ha extinguido del todo. Ninguna de las 5000 ó 6000 personas que estábamos escuchando se ha atrevido a aplaudir hasta que el silencio ha sido total y él ha bajado la mano que sujetaba ese silencio gigante y se ha apoyado, por fin, en el atril para descansar.

Al terminar ha salido a saludar varias veces a un público que no dejaba de aplaudirle. Tenía cara de estar absolutamente agotado. Pero también tenía una medio sonrisa que parecía querer decir que ésto es lo que sabe hacer, y que lo hace muy bien, y que va a seguir haciéndolo mientras pueda subirse al podio.

martes, 27 de agosto de 2019

La flauta mágica

Me dice un señor con el que he estado charlando al entrar en la arena del Royal Albert Hall, que lo de estar en la primera fila de los conciertos, tan cerca del escenario que casi lo puedes tocar, viendo el sudor de los cantantes y los gestos de los músicxs, engancha.

Me lo dice tocando la valla que nos separa poco más de un metro del escenario en el que acabamos de ver La flauta mágica de Mozart. La mira, pone la mano sobre ella, le da un par de palmaditas y me dice mirándome, creo que emocionado: "ésto engancha".

Repetiré. Aún me quedan unos días aquí y creo que aprovecharé para volver a estar junto a esa valla un par de veces más. Ya tengo anotados los conciertos que me apetecen de estos días.

Sí, es cierto, ¡engancha!

lunes, 19 de agosto de 2019

Beethoven

He vuelto a los Proms.
Había estado un par de veces en el verano del 90, cuando vine a Londres a ver a Adriana.
Entonces no tuve que sacar yo la entrada y no me enteré muy bien de cómo iba la cosa.

Ahora, 29 años después, se hace una cola por la mañana, para evitar que la gente se pase todo el día esperando a la intemperie, y a partir de las 9 reparten unos números para hacer la cola de la tarde y comprar la entrada.
Todo en riguroso orden británico: ningún tumulto, ni el menor intento de colarse, sin atropellos, con absoluta impasibilidad y paciencia.

He tenido la suerte de tener delante de mí, en el puesto 12 de la cola, yo era el 13, a un señor que se ha encargado de asesorarme sobre a qué hora debía estar por la tarde, cómo debía entrar en la arena para lograr el mejor sitio y qué hacer durante el descanso para no perder nuestro lugar en la primera fila...

Beethoven maravilloso, emocionante, gigantesco.

Tengo aún unos cuantos días por delante: repetiré.

domingo, 8 de abril de 2018

William III

Hace unos días compré un librito que se llama algo así como Paseando por la Historia: descubre el Londres victoriano.
Asegura que lxs londinenses, y también quienes pasamos una temporada aquí, viven en casas victorianas, aprenden en colegios victorianos, rezan en iglesias victorianas, son tratados en hospitales victorianos, beben en pubs victorianos, juegan en parques y jardines victorianos, se entretienen en museos y teatros victorianos, conducen por calles victorianas, cruzan puentes victorianos y viajan por railes victorianos.
Así que, ante tanta insistencia en esto de que Londres es sí o sí una ciudad victoriana, propone unos cuantos itinerarios para conocer calles, edificios, escuelas, hospitales, iglesias, etc., etc...

[Me acordé de Paco, claro... tengo que enseñarle el librito cuando le vea...]

Hoy he salido de casa con la saludable intención de echar un ratito haciendo el primero de ellos, que empieza en el Kensington Palace, pasa por el Albert Memorial y el Royal Albert Hall, y luego sigue paseando por ese barrio.

Vano intento. Al principio parecía que el día me iba a respetar: nublado, gris, plomizo, pero sin lluvia ni frío. Pero en cuanto he bajado del autobús ha empezado esa lluvia tontorrona que no es ni mucha ni poca, pero es la justa para incordiarte, para andar un poco incómodo, medio mojado, con la capucha pero sin que llueva del todo... en fin, que he decidido meterme un rato a tomar un café por si la cosa mejoraba.
Pero no.
Así que tras hacer un amago de paseo por el parque y llegar hasta la puerta del Palacio en el que nació la Reina Victoria, la que da nombre a todo esto, y saludar a William III, el que se ve en bronce al fondo de la foto, que no sé qué tatarabuelo suyo será, me he vuelto a coger el bus a casita...

***

Por cierto, hoy hace 50 días que vine a Londres. Más o menos un tercio del tiempo que voy a estar aquí.
Me ha dado tiempo a hacer un montón de cosas, conocer a un montón de personas y visitar un montón de lugares...
Aunque aún sigo tratando de responder a las preguntas que tenía en la sierra antes de venirme. Esas siguen pendientes...

¡¡¡Seguimos!!!

viernes, 30 de marzo de 2018

El Mesías en el RAH

Esta tarde hemos ido a ver El Mesias de Haendel en el Royal Albert Hall. Llevan ciento no sé cuántos años interpretando en este lugar El Mesías cada Viernes Santo. Y hoy hemos tenido la suerte de poder escucharlo y vivirlo en directo. Podría tratar de contar aquí la experiencia, pero no lo voy ni a intentar: ha sido maravilloso.

Recuerdo que hace casi treinta años, cuando vine a Londres a visitar a Adriana, estuve un par de veces en los Proms del Royal Albert Hall con los Gil. Una de las veces fue para escuchar La flauta mágica de Mozart. Tenía un recuerdo vago del lugar y muy mezclado con las fotos y vídeos que he visto en todos estos años, así que ha sido casi como ir por primera vez.

Hemos llegado con tiempo, así que hemos intentado investigar un poco y colarnos por algunos pasillos para tratar de ver el edificio. No nos han dejado asomarnos desde la galería de arriba del todo, pero hemos podido pasear un poco por algunas de las gradas altas. Desde allí he hecho la foto de hoy.

No conozco mucho El Mesías: lo he escuchado alguna vez en youtube o en disco pero nunca en concierto. Así que he ido con esa precaución y ese interés de asistir por primera vez a algo que no conoces y que sabes que es grande. Estos días, para hacernos más fácil el concierto, he estado buscando información, recopilando los textos y las traducciones, etc. y preparé una especie de "programa de mano" que nos ayudara durante el concierto a seguirlo con más facilidad.

Nunca deja de sorprenderme el poder de la música: doscientas personas sobre un escenario, haciendo música como si fueran una sola, manteniendo la atención y el asombro de otras cinco mil. Hay algo sobrecogedor en esa representación casi catártica, en esa entrega del público confiando en que se le va a brindar una experiencia que le va a transformar.

Conmigo hoy ha funcionado: he salido, de algún modo, transformado después de vivir este concierto.

¡Seguimos!