Ha llegado a Londres mi sobrina Laura, a verme y pasar unos días aquí y a que le cuente y le enseñe por qué me gusta tanto esta ciudad.
Hoy paseaco y muchas horas de charla.
Mañana creo que Portobello y Little Venice y Camden.
Luego el Carnaval de Notting Hill.
Y creo que buscaré un hueco este finde para enseñarle un par de salas del British Museum...
Contento de verla aquí. Y confiando en que a lxs dos nos sienten bien estos días. A cada unx con lo suyo.
Y caminando iba pensando que ganar / Siempre es tentar a la otra cara de la suerte / Y que por eso te hacen daño los huesos / Cuando golpeas fuerte //
Y así se fue chasqueando los dientes / En memoria de algún actor / Cuyo nombre se ha perdido / Y que hacía de bandido //
Y sintió la alegría del olvido / Y al andar descubrió la maravilla / Del sonido de sus propios pasos / En la gravilla...
[El canto del gallo, Radio Futura, 1987]
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jueves, 22 de agosto de 2019
martes, 5 de junio de 2018
Otra vez al British
Vuelvo al British Museum: cuando pienso en posibles motivos por los que seguir aquí más tiempo, uno de los más importantes es sin ninguna duda este museo increíble. Y todos los demás museos alucinantes que hay en la ciudad.
No me canso...
No me canso...
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British Museum
domingo, 22 de abril de 2018
Descubrimientos
Hoy ha sido un día larguísimo y agotador en el que he visto un montón de cosas interesantes...
Lo primero es antes: por la mañana he ido con Hortensia, una compañera profa, a la Reading Room de la British Library, en el Museo Británico.
Una belleza.
Una experiencia de esas que sospecho que recordaré durante toda la vida.
Una emoción gigantesca sentir que durante unos minutos estás en uno de esos lugares en los que se ha creado el mundo en el que vivimos.
Me gusta decir que no soy muy fetichista, pero sé que seguramente no es del todo cierto. Y creo que éste es uno de esos lugares que voy a conservar siempre en la memoria.
Además de ser un espacio maravilloso, da un vértigo enorme, al menos a mi, pensar en las miles de personas que han pasado por allí a compartir y crear conocimiento. Y da aún más vértigo pensar que entre muchas de esas personas anónimas también han estado bajo ese techo, leyendo, pensando y creando, Marx, Gandhi, Woolf, Dickens, Darwin, Lenin, Kipling, Orwell, Mark Twain, Stoker, Russell y tantísima otra gente...
Parece ser que, desde hace veinte años que se trasladó la biblioteca a un nuevo edificio y se dejó aquí sólo esta sala, se abre al público en rarísimas ocasiones. Y hoy ha sido una de ellas. Y hemos tenido la suerte de poder estar. Parece ser que no hay ningún motivo claro para que esté cerrada. Cuando preguntamos por curiosidad, una chica de las que organizaba el evento nos dice que hay algo político. Una señora muy mayor que nos cuenta que ella fue usuaria de la biblioteca y nos explica cómo se pedían los libros y cómo se usaban los atriles, nos dice que por favor escribamos a la biblioteca y al museo diciendo que se use la Reading Room, que es un crimen tenerla cerrada.
Parece que es un problema de políticos y de egos: no está claro de quién es la sala, si del museo o de la biblioteca, ni quién puede usarla. Y unos por otros, la casa sin barrer.
La excusa para abrirla en esta ocasión ha sido un festival que se está celebrando estos días en el museo en el que, entre otras cosas, se están ejecutando algunas obras musicales del siglo XX. Y hoy han hecho una ¿interpretación? del Poema sinfónico para 100 metrónomos de György Ligeti, una obra extraña, hipnotizante y provocadora que yo conocía de haberla escuchado en disco y haber leído sobre ella pero que, por supuesto, nunca había visto en vivo.
[Por cierto, en una esquinita de la foto que he hecho, se pueden ver algunos de los metrónomos...]
En fin, una experiencia inolvidable que, unida al concierto de ayer, ha redondeado un fin de semana muy musical...
Luego Hortensia me ha dicho que había quedado con una amiga y que iban a ir a una visita guiada sobre graffitis y arte urbano en el barrio de Whitechapel. Y eso ha sido otra historia... como para contar en otro momento. Todo un descubrimiento.
Y entre medias, nos hemos cruzado con la maratón. Y al ver a la gente correr, agotadita ya en el km 36, me han vuelto a entrar las ganas y la envidia de verme ahí...
Lo primero es antes: por la mañana he ido con Hortensia, una compañera profa, a la Reading Room de la British Library, en el Museo Británico.
Una belleza.
Una experiencia de esas que sospecho que recordaré durante toda la vida.
Una emoción gigantesca sentir que durante unos minutos estás en uno de esos lugares en los que se ha creado el mundo en el que vivimos.
Me gusta decir que no soy muy fetichista, pero sé que seguramente no es del todo cierto. Y creo que éste es uno de esos lugares que voy a conservar siempre en la memoria.
Además de ser un espacio maravilloso, da un vértigo enorme, al menos a mi, pensar en las miles de personas que han pasado por allí a compartir y crear conocimiento. Y da aún más vértigo pensar que entre muchas de esas personas anónimas también han estado bajo ese techo, leyendo, pensando y creando, Marx, Gandhi, Woolf, Dickens, Darwin, Lenin, Kipling, Orwell, Mark Twain, Stoker, Russell y tantísima otra gente...
Parece ser que, desde hace veinte años que se trasladó la biblioteca a un nuevo edificio y se dejó aquí sólo esta sala, se abre al público en rarísimas ocasiones. Y hoy ha sido una de ellas. Y hemos tenido la suerte de poder estar. Parece ser que no hay ningún motivo claro para que esté cerrada. Cuando preguntamos por curiosidad, una chica de las que organizaba el evento nos dice que hay algo político. Una señora muy mayor que nos cuenta que ella fue usuaria de la biblioteca y nos explica cómo se pedían los libros y cómo se usaban los atriles, nos dice que por favor escribamos a la biblioteca y al museo diciendo que se use la Reading Room, que es un crimen tenerla cerrada.
Parece que es un problema de políticos y de egos: no está claro de quién es la sala, si del museo o de la biblioteca, ni quién puede usarla. Y unos por otros, la casa sin barrer.
La excusa para abrirla en esta ocasión ha sido un festival que se está celebrando estos días en el museo en el que, entre otras cosas, se están ejecutando algunas obras musicales del siglo XX. Y hoy han hecho una ¿interpretación? del Poema sinfónico para 100 metrónomos de György Ligeti, una obra extraña, hipnotizante y provocadora que yo conocía de haberla escuchado en disco y haber leído sobre ella pero que, por supuesto, nunca había visto en vivo.
[Por cierto, en una esquinita de la foto que he hecho, se pueden ver algunos de los metrónomos...]
En fin, una experiencia inolvidable que, unida al concierto de ayer, ha redondeado un fin de semana muy musical...
Luego Hortensia me ha dicho que había quedado con una amiga y que iban a ir a una visita guiada sobre graffitis y arte urbano en el barrio de Whitechapel. Y eso ha sido otra historia... como para contar en otro momento. Todo un descubrimiento.
Y entre medias, nos hemos cruzado con la maratón. Y al ver a la gente correr, agotadita ya en el km 36, me han vuelto a entrar las ganas y la envidia de verme ahí...
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martes, 17 de abril de 2018
Nínive
Hoy he vuelto a retomar mi costumbre de irme los martes por la tarde al British Museum. Sigo viéndolo poquito a poco. Hoy me he dado una vuelta por las salas dedicadas a Asiria.
¡Maravilloso!
Estos dos días de vuelta al Mundo Real me están costando un poco, pero ese ratito que he pasado caminando entre los bajorrelieves me ha sentado tan bien que me ha recargado un poquito las pilas para seguir mañana.
Lo dicho: estos museos no se acaban nunca...
¡Maravilloso!
Estos dos días de vuelta al Mundo Real me están costando un poco, pero ese ratito que he pasado caminando entre los bajorrelieves me ha sentado tan bien que me ha recargado un poquito las pilas para seguir mañana.
Lo dicho: estos museos no se acaban nunca...
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British Museum
sábado, 7 de abril de 2018
Tras la ventana
Charles Darwin es uno de esos personajes que te encuentras de vez en cuando por Londres. Sin ir más lejos, y como no podía ser de otro modo, en el Museo de Historia Natural hay una estatua suya presidiendo el gran vestíbulo que te recibe al entrar en el edificio. Y de vez en cuando es fácil encontrarse alguna referencia a él o a su trabajo paseando por aquí y por allá en la ciudad.
Recuerdo que hace tiempo Adriana me contaba emocionada que, una de las últimas veces que ha estado por aquí, fue a visitar la casa en la que vivió Darwin, en la que trabajó durante años y donde escribió El origen de las especies. Creo que no está en Londres: tengo que investigar un poco y hacerme la excursión porque me apetece mucho.
No soy demasiado fetichista, pero para según qué cosas me encanta ver el lugar en el que cierta gente ha hecho ciertas cosas... Dos de mis momentos más fetichistas (y más culturetas, estará pensando alguien) de mi historia ocurrieron el mismo día. Y de los dos debo tener una foto guardada en alguna parte: de viaje por Alemania visité por la mañana la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig, en la que trabajó muchos años Bach y en la que está enterrado, y por la tarde me tomé un café en la cafetería de la Escuela de la Bauhaus de Dessau.
Hoy, paseando cerca del British Museum, le he visto observando desde una ventana. Agazapado. Vigilante. Quizá consciente, y temeroso, de que según en qué círculos no corren muy buenos tiempos para la ciencia...
***
Hoy he hecho otros dos descubrimientos: por la mañana he ido a ver el Sir John Soane's Museum. Otro de esos sitios que me habían recomendado varias personas, a las que me alegro de haber hecho caso.
John Soane fue uno de esos ingleses que en el siglo XVIII hicieron el Grand Tour, del que he hablado últimamente aquí un par de veces. Y tanto le impresionó lo que vio por Italia con ventitantos añitos, que ese viaje le marcó para el resto de su vida y de su obra como arquitecto.
Y luego, de camino a la Wellcome Collection para tomar un café, me he encontrado con la librería Waterstones, de la que me había contado Ana Manzanares que era la librería más grande del mundo (y creo que también me dijo más chula), y allí me he echado un ratito deambulando de una sala a otra y dejándome algunas pounds.
Recuerdo que hace tiempo Adriana me contaba emocionada que, una de las últimas veces que ha estado por aquí, fue a visitar la casa en la que vivió Darwin, en la que trabajó durante años y donde escribió El origen de las especies. Creo que no está en Londres: tengo que investigar un poco y hacerme la excursión porque me apetece mucho.
No soy demasiado fetichista, pero para según qué cosas me encanta ver el lugar en el que cierta gente ha hecho ciertas cosas... Dos de mis momentos más fetichistas (y más culturetas, estará pensando alguien) de mi historia ocurrieron el mismo día. Y de los dos debo tener una foto guardada en alguna parte: de viaje por Alemania visité por la mañana la Iglesia de Santo Tomás en Leipzig, en la que trabajó muchos años Bach y en la que está enterrado, y por la tarde me tomé un café en la cafetería de la Escuela de la Bauhaus de Dessau.
Hoy, paseando cerca del British Museum, le he visto observando desde una ventana. Agazapado. Vigilante. Quizá consciente, y temeroso, de que según en qué círculos no corren muy buenos tiempos para la ciencia...
***
Hoy he hecho otros dos descubrimientos: por la mañana he ido a ver el Sir John Soane's Museum. Otro de esos sitios que me habían recomendado varias personas, a las que me alegro de haber hecho caso.
John Soane fue uno de esos ingleses que en el siglo XVIII hicieron el Grand Tour, del que he hablado últimamente aquí un par de veces. Y tanto le impresionó lo que vio por Italia con ventitantos añitos, que ese viaje le marcó para el resto de su vida y de su obra como arquitecto.
Y luego, de camino a la Wellcome Collection para tomar un café, me he encontrado con la librería Waterstones, de la que me había contado Ana Manzanares que era la librería más grande del mundo (y creo que también me dijo más chula), y allí me he echado un ratito deambulando de una sala a otra y dejándome algunas pounds.
lunes, 2 de abril de 2018
So hard, my God!
Lo del turismo es una actividad agotadora. Te propones ir a pasar unos días en una ciudad para descansar, pero aprovechar para ver (y si es posible fotografiar) todo lo que se pueda ver (y fotografiar). Te planteas entrar en un museo y quieres verlo completo, hasta la última sala, hasta el último cuadro y la última escultura. Eso, muchas veces, a pesar de que no has visitado muchos de los museos de tu propia ciudad. Ni los parques. Ni los monumentos. Ni muchas de esas cosas que no puedes, de ninguna manera, dejar ver cuando estás en una ciudad que no es la tuya.
Hoy he vuelto al Museo Británico. Pero no un martes por la tarde al salir del cole en "mi tarde buena", como suelo hacer, sino el lunes de después de Semana Santa, que es fiesta aquí y que además aún no se han ido a casa ni los españoles, ni los italianos, ni todos los millones de extranjeros de visita que andan por esta ciudad...
Tampoco es que uno de esos martes por la tarde que yo suelo ir, el museo esté medio vacío, en absoluto, pero hoy lo he visto "a pleno rendimiento" con un tumulto en cada sala, y cientos de personas yendo de aquí para allá, y unos padres desesperados buscando a una niña perdida, y grupos despistados tratando de seguir a sus guías, y señores exhaustos en sillas de ruedas...
Y al bajar a los baños María ha oído a una señora decir, agotada, 'so hard, my God!', y yo me he encontrado con la escena de la foto: unas cuantas personas ya rendidas, que ya habían decidido que el museo las había vencido: uno durmiendo, varios leyendo, alguno simplemente esperando a que llegaran las cinco y media y que alguna de las personas que trabajan en el museo le invitara amablemente a salir y poder huir sin oponer resistencia, sólo dejándose llevar hacia la salida y a su alojamiento y a domir hasta mañana, que quizá les espere la National Gallery o el Victoria & Albert o la cola para subir al London Eye o el Museo de Historia Natural, o quizá, con un poco de suerte, el tren al aeropuerto y llegar a casa y descansar, por fin, de las vacaciones en Londres.
Hoy he vuelto al Museo Británico. Pero no un martes por la tarde al salir del cole en "mi tarde buena", como suelo hacer, sino el lunes de después de Semana Santa, que es fiesta aquí y que además aún no se han ido a casa ni los españoles, ni los italianos, ni todos los millones de extranjeros de visita que andan por esta ciudad...
Tampoco es que uno de esos martes por la tarde que yo suelo ir, el museo esté medio vacío, en absoluto, pero hoy lo he visto "a pleno rendimiento" con un tumulto en cada sala, y cientos de personas yendo de aquí para allá, y unos padres desesperados buscando a una niña perdida, y grupos despistados tratando de seguir a sus guías, y señores exhaustos en sillas de ruedas...
Y al bajar a los baños María ha oído a una señora decir, agotada, 'so hard, my God!', y yo me he encontrado con la escena de la foto: unas cuantas personas ya rendidas, que ya habían decidido que el museo las había vencido: uno durmiendo, varios leyendo, alguno simplemente esperando a que llegaran las cinco y media y que alguna de las personas que trabajan en el museo le invitara amablemente a salir y poder huir sin oponer resistencia, sólo dejándose llevar hacia la salida y a su alojamiento y a domir hasta mañana, que quizá les espere la National Gallery o el Victoria & Albert o la cola para subir al London Eye o el Museo de Historia Natural, o quizá, con un poco de suerte, el tren al aeropuerto y llegar a casa y descansar, por fin, de las vacaciones en Londres.
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martes, 13 de marzo de 2018
Dedazos
Hoy he vuelto al British Museum. Sólo he avanzado un par de salas más. A este ritmo, un par de salas a la semana, y no todas las semanas, tendré que quedarme aquí un par de años para completarlo... jejeje...
Hoy he llegado hasta la mitad de la sala 4. Me encanta esto de poder ver un museo como éste a este ritmo, un par de salas por semana más o menos. En realidad, hoy ni siquiera he terminado la sala 4, la dedicada a la escultura egipcia: me he quedado más o menos a la mitad, donde está la Piedra de Rosetta.
No sé mucho sobre ella, pero es uno de esos objetos que siempre me han fascinado, como la Venus de Willendorf, el calendario azteca o el Universo de Sengai Gibon o Stonehenge. Una de esas muchas cosas (objetos, sitios, edificios...) que tengo en la lista de cosas que me gustaría ver al menos una vez antes de morirme.
Y hoy, frente a la vitrina, pensaba en las miles de personas que pasan cada día por aquí. Seguramente son millones al año que se paran delante, miran (miramos) las líneas de símbolos que ninguno entendemos, pero que seguimos como si las leyéramos. Señalamos con el dedo, mostramos a quien nos acompaña unas letras en particular, alguna marca de la piedra, algo que nos llama la atención... y durante el día se van acumulando en el vidrio de la vitrina docenas de marcas de esos dedos que señalan...
Algún día iré a primera hora, a ver qué pinta tiene ese cristal cuando todavía está limpio, cuando aún nadie se ha asomado a hacer como que descifra esas letras que (casi) nadie puede leer...
Hoy he llegado hasta la mitad de la sala 4. Me encanta esto de poder ver un museo como éste a este ritmo, un par de salas por semana más o menos. En realidad, hoy ni siquiera he terminado la sala 4, la dedicada a la escultura egipcia: me he quedado más o menos a la mitad, donde está la Piedra de Rosetta.
No sé mucho sobre ella, pero es uno de esos objetos que siempre me han fascinado, como la Venus de Willendorf, el calendario azteca o el Universo de Sengai Gibon o Stonehenge. Una de esas muchas cosas (objetos, sitios, edificios...) que tengo en la lista de cosas que me gustaría ver al menos una vez antes de morirme.
Y hoy, frente a la vitrina, pensaba en las miles de personas que pasan cada día por aquí. Seguramente son millones al año que se paran delante, miran (miramos) las líneas de símbolos que ninguno entendemos, pero que seguimos como si las leyéramos. Señalamos con el dedo, mostramos a quien nos acompaña unas letras en particular, alguna marca de la piedra, algo que nos llama la atención... y durante el día se van acumulando en el vidrio de la vitrina docenas de marcas de esos dedos que señalan...
Algún día iré a primera hora, a ver qué pinta tiene ese cristal cuando todavía está limpio, cuando aún nadie se ha asomado a hacer como que descifra esas letras que (casi) nadie puede leer...
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Piedra de Rosetta
sábado, 10 de marzo de 2018
Vermeer
Hoy he ido por la mañana a la National Gallery.
Es otro disparate del estilo del British Museum, para verlo de a poquitos, en muchas visitas.
Así que hoy he empezado viendo unas cuantas salas y disfrutándolas con calma, saboreándolas...
Y me ha encantado que en la primera sala en la que he entrado, la 16, me he encontrado, para empezar, los dos Vermeer que hay en el museo, de los cuatro que hay, si no recuerdo mal, en Londres.
Éste va a ser de los museos que me apetece ir viendo poco a poco, en tardes y fines de semana. Viendo cada vez unas cuantas salas. Sin empacho. Así que pronto repetiré.
Es otro disparate del estilo del British Museum, para verlo de a poquitos, en muchas visitas.
Así que hoy he empezado viendo unas cuantas salas y disfrutándolas con calma, saboreándolas...
Y me ha encantado que en la primera sala en la que he entrado, la 16, me he encontrado, para empezar, los dos Vermeer que hay en el museo, de los cuatro que hay, si no recuerdo mal, en Londres.
Éste va a ser de los museos que me apetece ir viendo poco a poco, en tardes y fines de semana. Viendo cada vez unas cuantas salas. Sin empacho. Así que pronto repetiré.
martes, 6 de marzo de 2018
British Museum
Los martes es mi día bueno en el cole: tengo pocas clases y, sobre todo, no tengo ninguna por la tarde. Así que para hoy tenía pensado terminar de comer y salir corriendo para darme un primer paseo por el British Museum.
No estaba muy seguro de cuánto tiempo iba a tardar en llegar desde el colegio y una vez en el museo no tenía un plan muy claro. Sí sabía que es uno de esos museos que se te indigestan si pretendes tragártelo de una sentada, así que mi idea para hoy era simplemente darme un paseo por allí y hacerme una idea de lo que me esperaba.
Nada más entrar me he movido un poco sin rumbo y he dado, más o menos por casualidad, con la Room 1, dedicada al siglo XVIII, la Ilustración y el inicio del "coleccionismo" con el que nace el museo.
En fin, no sé por dónde empezar a contarlo, me ha parecido una locura y no he visto más que una sala....
He echado más o menos hora y media en verla por encima, hasta que han empezado a pedirnos que nos fuéramos porque cerraban el museo. Esta primera sala es un enorme almacén en el que hay miles de cosas (literalmente miles) y en el que se cuenta el nacimiento de la arqueología, la filología, la etnografía, el estudio comparado de las religiones, el desciframiento de lenguas antiguas, etc., etc.
Al salir me he vuelto a casa dando un largo paseo desde el museo, y he ido pensando que sería un muy buen plan dedicar las próximas tardes de los martes a seguir viendo esta maravilla, de a poquito, sin prisa, sin empacho. Así que el martes que viene más y mejor.
No estaba muy seguro de cuánto tiempo iba a tardar en llegar desde el colegio y una vez en el museo no tenía un plan muy claro. Sí sabía que es uno de esos museos que se te indigestan si pretendes tragártelo de una sentada, así que mi idea para hoy era simplemente darme un paseo por allí y hacerme una idea de lo que me esperaba.
Nada más entrar me he movido un poco sin rumbo y he dado, más o menos por casualidad, con la Room 1, dedicada al siglo XVIII, la Ilustración y el inicio del "coleccionismo" con el que nace el museo.
En fin, no sé por dónde empezar a contarlo, me ha parecido una locura y no he visto más que una sala....
He echado más o menos hora y media en verla por encima, hasta que han empezado a pedirnos que nos fuéramos porque cerraban el museo. Esta primera sala es un enorme almacén en el que hay miles de cosas (literalmente miles) y en el que se cuenta el nacimiento de la arqueología, la filología, la etnografía, el estudio comparado de las religiones, el desciframiento de lenguas antiguas, etc., etc.
Al salir me he vuelto a casa dando un largo paseo desde el museo, y he ido pensando que sería un muy buen plan dedicar las próximas tardes de los martes a seguir viendo esta maravilla, de a poquito, sin prisa, sin empacho. Así que el martes que viene más y mejor.
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