Hoy he vuelto al Portobello House. Esta vez no a tomar unas cañas después de clase sino a celebrar el cumple de Eva, la jefa.
Otra vez, como el viernes en el Lonsdale, he vuelto a encontrarme con gente molona que conocí el año pasado y con gente nueva que ha llegado en septiembre.
Me he vuelto a sentir genial.
Me ha vuelto a sentar genial.
Me ha vuelto a halagar que insistan en que se me echa de menos.
Y me ha vuelto a gustar notar la confianza que llegué a tener con algunas de esas personas con las que trabaje hace unos meses.
Y otra vez, como siempre, estaban proyectando sobre la pared del fondo Con faldas y a lo loco.
Una y otra vez.
Sin que nadie mire a la pantalla.
Sin que nadie parezca hacer caso a esa Marilyn bellísima mirándonos desde la pared del fondo con cara de rubia, o a Tony Curtis y Jack Lemon tratando de ligársela.
Mañana lunes, mientras vuelvo a dar mis clases en la sierra, volverán a abrir el Portobello House, volverán los camareros a servir pintas, y volverá Marilyn a mirar hacia el local como si nada de lo que allí ocurre tuviera que ver con ella...
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